No es que te falte fe. Es que nadie te enseñó cómo se sostiene.
Trabajo con unas cuantas personas a la vez para armar algo muy concreto: un plan de vida que quepa en tu semana de verdad. El tuyo, no el de un manual.
Para quién es
Si te reconoces en dos o más de estas, esto es para ti:
Y la explicación que casi siempre nos damos es la peor: me falta constancia. Entonces apretamos más fuerte y volvemos al mismo lugar, ahora también con culpa.
No te falta constancia. Te falta estructura. Son cosas distintas y se arreglan distinto.
Qué te llevas
No es una lista de devociones ni un propósito de año nuevo. Un plan de vida es tu método, escrito: qué haces en la mañana, qué sostienes durante el día y cómo revisas la noche.
Se llama así porque es tuyo. El mío no te sirve, y el de un manual tampoco — por eso lo armamos con lo que de verdad cabe en tu semana.
Es lo que hace que tu vida de oración deje de depender de si ese día amaneciste con ganas. Y es, exactamente, lo que a mí me faltó durante quince años.
Y no se escribe el primer día. Se va construyendo: cada sesión le agrega una pieza que ya probaste en tu semana. En la última queda escrito completo, con lo que de verdad funcionó — no con lo que sonaba bien en una hoja.
Cómo funciona
Tres meses, seis sesiones, dos al mes. Todo por videollamada, y entre sesión y sesión me escribes por WhatsApp cuando lo necesites.
Después de esas seis, quien quiere seguir sigue. Pero el camino está diseñado para que a los tres meses puedas caminar solo. Ésa es la idea.
Quién te acompaña
En 2009 salí de una cena convencido de que no estaba suficientemente formado, y me puse a estudiar. Maestría, diplomados, cursos. Quince años.
Un día hice cuentas y no había crecido nada. No estaba mal: estaba igual. Me tomó todo ese tiempo descubrir que la fe no se estudia — se vive, y para vivirla hace falta un método.
Lo que te voy a dar es lo que a mí me hubiera ahorrado esos quince años.
Nada de esto fue lo que me enseñó a rezar. Pero es lo que me permite acompañarte sin improvisar.
Con toda claridad
Prefiero decírtelo antes que descubrirlo a media sesión.
No es terapia. Soy terapeuta EMDR y trabajo trauma y heridas emocionales — pero eso es otro consultorio y otro proceso. Si en el camino aparece algo que necesita ese trabajo, te lo digo de frente y lo vemos aparte.
No es dirección espiritual. Estoy certificado para darla y doy clase de eso en el Instituto Ávila. Pero la dirección espiritual es un acompañamiento abierto, sin fecha de término, sobre la vida entera. Esto son seis sesiones con algo concreto al final. Si resulta que lo que necesitas es dirección, te lo digo y lo hablamos aparte.
Y no es confesión ni tiene nada de sacramental. Soy laico y yo no absuelvo a nadie. Eso lo tiene la Iglesia y no lo reemplaza nadie.
Es formación y acompañamiento: cómo se vive la fe en tu vida concreta, con las herramientas que llevo años enseñando.
Lo que cuesta
La primera sesión se paga sola y se descuenta si sigues. Empieza por ahí y decide después, con algo ya en las manos.
Nunca ha sido el dinero lo que decide quién entra, y no va a empezar a serlo ahora. Si el precio es lo que te detiene, escríbeme y lo vemos.
¿Prefieres platicarlo antes de decidir?
Apartar una llamada de 15 minutosEs gratis y no te voy a vender nada.
Preguntas
Se sostiene con un método, y con alguien que camine contigo mientras lo aprendes.
Empieza con una hora. Si no era esto, me lo dices y no pasa nada.
Apartar mi hora